martes, 2 de agosto de 2016

Solidaridad y generosidad

Por desgracia no siempre van de la mano..
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En otros tiempos nos desgañitábamos aclarando, diciendo o defendiendo, lo que éramos y lo que no éramos. Me refiero tanto desde aquí como desde cualquier otra página de Valdelicea & Cía. Hoy por hoy, han pasado muchas cosas y muchos años. Y gracias a Dios, modestia aparte, nosotros estamos en otra dimensión. Lo digo en comparación con esas otras asociaciones de ayuda dedicadas más a captar socios que a echar una mano a todo aquel que de verdad lo necesita. Y esto va por lo que no debería de ir, por lo de siempre. Por esos personajillos que de cuando en cuando nos envían correos para tantear… o qué sé yo, para hacernos perder el tiempo.

Por lo tanto, ya sabéis, sigamos a nuestro aire. Si oís un grito de ayuda, largar un cabo o lanzar un salvavidas. Si la llamada es cierta o no, eso no es cosa nuestra. Allá cada cual con sus mentiras.

© Manel Marina

sábado, 11 de junio de 2016

Qué hacéis, cómo, dónde…

Con tanto estar presente en todas partes: Facebook, LinkedIn, Twitter…  reconozco que he perdido la costumbre de explicar «en vivo y en directo» quién soy y qué hago. Para muestra: esta mañana me han preguntado y, la verdad, me he quedado en blanco. Entendámonos, no es que no sepa quién soy. ¡Vive Dios! Lo sé muy bien. Mi lapsus ha venido porque no esperaba esa pregunta en el lugar donde me encontraba: en la pescadería. De hecho, olvido con cierta frecuencia que vivo en un pequeño pueblo donde todo el mundo se conoce… y no en el laberinto de una gran una ciudad donde ocurre lo contrario, todos somos anónimos.   
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Resumiendo, ayudar, acompañar, guiar, dirigir, aconsejar… es lo nuestro. Por algo somos lo que decimos ser: coaches, facilitadores, instructores, consultores, mentores, guías…
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© Manel Marina

viernes, 10 de junio de 2016

Conexión energética


No sé si os pasa pero a mí me ocurre con mucha frecuencia, «oigo a mis amigos en la distancia». En los últimos meses, por no decir años, se me está agravando. El nivel de «audición» es cada vez mayor. Entendámonos, escuchar, no escucho nada. Es un sentir sutil, un qué sé yo. Un saber que alguien está pensando en mí, en nosotros o en algo relacionado con nuestra vida o trabajo. Esta noche pasada, en plena madrugada, me desperté y el primer pensamiento me llevó hacia Clara. Hace un momento he descubierto su post: «Déjame que te cuente»; te dejo, te dejo…

Algo parecido me ocurre con Ingrid, con Paz, con Lucía… estén donde estén y aunque pasen días o incluso semanas que no hablemos, en la distancia, sé si están o no bien. Y si esto me ocurre con los vivos imaginaros con los «no-vivos», más de una vez lo he comentado. Por extraño que parezca, sí, también… Por eso, dentro de lo malo, estoy tranquilo. Hombre, qué duda cabe, puestos a elegir me gustaría que unos y otros estuvieran aquí.

Quizá por todo esto últimamente estoy tan cansado. No paro de recibir «mensajes», me siento radiobaliza… ¿Será una señal?

© Manel Marina

Déjame que te cuente

No, no voy a hablar de Jorge Bucay… De hecho hasta hace unos minutos no recordaba que este era el título de uno de sus libros. En cualquier caso, como es una expresión de muchos y en particular de uno de mis mejores amigos, la voy a dejar tal cual.

Antes de ayer fue un día tristón y nostálgico para mí amigo, y para todos nosotros un poco en la medida en la que si uno lo está los demás vamos detrás. No tanto por su pena sino por la nuestra, por la de cada cual. Es lo que ocurre con los duelos, a poco que te descuidas vas de berrinche en berrinche…
Malo es tener que decir adiós, pero peor aún es ver cómo pasa el tiempo. 
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© Clara Echegaray  

miércoles, 25 de mayo de 2016

Relaaaa…

De tan acelerados que vamos no sabemos ni lo que hacemos ni lo que decimos. Muchos de esos despistes, supuestas faltas de memoria, se producen por nuestra aceleración cotidiana. Por lo general hacemos tres o cuatro cosas a la vez, y aquí nada tienen que ver los tópicos de género. Normalmente hacemos algo, lo que quiera que sea, sin terminar la anterior y pensando en la siguiente, mientras fumamos, hablamos por teléfono, conducimos o lo que cada cual prefiera. Eso cuando no son cinco o seis, puesto que nuestra mente va también a su ritmo… Así pasa que cuando por fin llegamos a casa y nos disponemos a dormir, a descansar, como físicamente no estamos tan cansados como lo que respecta a nuestra mente; o, al revés, puesto que se dan los dos casos; empezamos a saltar en la cama. A dar mil vueltas sin conseguir dormir.
El famoso y tan repetido por aquí “Reláaajate” tiene mucho que ver con todo esto. Se trata de educar nuestra mente para que actúe sincrónicamente con nuestro cuerpo. Para que todo fluya en perfecta armonía.
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Si quieres, puedes.
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© Vicente Fernández