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Kipling siempre ayuda

Si piensas que estás vencido, ya lo estás,
si piensas que no te atreves, no lo harás,
si piensas que te gustaría ganar, pero no puedes,
es casi seguro que no lo lograrás.

Porque en el mundo encontrarás que el éxito
empieza con la voluntad del hombre.
Todo se halla en el estado mental.
Porque muchas carreras se han perdido
antes de haberse corrido,
y muchos cobardes han fracasado
antes de haber iniciado su trabajo.

Piensa en grande y tus hechos crecerán,
piensa en pequeño y quedaras atrás,
piensa que puedes y podrás;
todo está en el estado mental.

Si piensas que tienes ventaja, ya la tienes;
tienes que pensar bien para elevarte,
tienes que estar seguro de ti mismo,
antes de intentar ganar un premio.

La batalla de la vida no siempre la gana
la persona más fuerte o ligera,
porque tarde o temprano, la persona que gana,
es aquella que cree que puede hacerlo.


Rudyard Kipling

Justo, eso es

La vida son momentos, muchos. Uno tras otro.

¿Qué hubiera sido de nosotros de no haber tomado tal o cual decisión? Nunca lo sabremos, de hecho, qué más da. Lo que sabemos es lo que tenemos. Aprovechémoslo, ¿no os parece? Vivamos los momentos, uno tras otro. En este preciso momento quiero, elijo, saludar a la gente que amo. Y de paso agradezco al Universo la enorme suerte de tenerlos a unos, a mi lado y, a otros, en el corazón.

Y tú ¿qué eliges?

© Lucía Arranz

¿Navegando?


(Replico al de las gavias)
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Según el diccionario de la Real Academia Española, navegar tiene varias acepciones: viajar en un buque o en otra embarcación, generalmente por mar. Hacer viaje o ir por el aire en globo, avión u otro vehículo adecuado. Desplazarse a través de una red informática. Andar de una parte a otra tratando y comerciando, etcétera.
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Conociendo “el paño” no creo que ande muy lejos, especialmente ahora que tenemos tanto trabajo. La vocación es antes que la devoción… y en este sentido nadie tiene dudas de cuáles son sus prioridades. De hecho, puede que esté tratando y comerciando de una parte a otra.
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© Lucía Arranz

Atando cabos

No sé si os dais cuenta pero siempre acabamos en lo mismo, hacen falta más psiquiatras… Todo lo dicho sobre “la bella sin alma” no deja de ser más que un trastorno psíquico. En esta sociedad nuestra hay más desequilibrados de los que nos creemos. Entre otras cosas porque este tipo de seres son maestros del camuflaje y por consiguiente de la manipulación, práctica que ejercen con maestría desde niños. En un momento dado pueden llegar a mostrarse afectuosos, simpáticos, etc. Sin embargo esconden un secreto, su ausencia total de empatía… Atando cabos es lo que pienso le debió de ocurrir el otro día a Manel, se dio de bruces con una pirada. Y conociéndolo, se debió de quedar muy tocado.
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© Lucía Arranz

¡Estos cincuentones!

Vaya por delante que lo digo sin acritud, entre otras razones porque una también está rondando la cincuentena… Como muy bien señala Pedro Pablo (ver comentario en el post anterior): “Todos lo hemos hecho. Me refiero a desoír los consejos de nuestros mayores.” Y tanto que sí. Pero, no estamos hablando de padres e hijos… Estamos hablando de adultos, y por consiguiente de responsabilidad. “Queremos triunfar pero por el camino rápido”, dice siempre Manel y no le falta razón.
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La edad es lo que tiene, ¿verdad? Más que cualquier otra cosa, experiencia.
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© Lucía Arranz

No bajéis la guardia

“No hay nada en el mundo que capacite tanto a una persona para sobreponerse a las dificultades externas y a las limitaciones internas, como la consciencia de tener una tarea en la vida.” Viktor Frankl
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¡Feliz semana!

Certezas

Si de algo estoy orgullosa al cien por cien es de mis certezas vitales: el amor incondicional que siento por mis tres hijos y por, Manel, mi mejor amigo. Por mi trabajo, y por la vida que llevo en compañía de los que quiero. Todo lo demás es accesorio, sustituible. Por lo tanto huelga decir nada más.
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© Lucía Arranz

Somos los de la esperanza

Hoy soy yo la que ha venido con la escoba… De momento he barrido unos cuantos posts que no me terminaban de convencer, percibía una cierta negatividad. Entendible, por supuesto. Llevamos un año muy duro, mucho trabajo y poco dinero. Aun así debemos ser bálsamo, no crispación.
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“La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada, y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo.” Maurice Maeterlinck
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Pues eso, no la perdamos.
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© Lucía Arranz

Vidas ajenas

No sé cuál es la razón pero lo cierto es que cada vez hay más personas que no viven sus vidas, solo se proyectan en otras ajenas. Es decir, de tanto que suspiran por lo que les gustaría ser dejan de ser lo que en realidad son… Si bien es verdad que aprendemos por imitación, todo tiene un límite. El de la cordura, la que tan ausente está en algunos círculos sociales. De hecho, esa adicción ya está tipificada. La sintomatología es similar a otras patologías… Por eso no es de extrañar que de vez en cuando algunos pierdan los papeles y aflore su nauseabundo rencor. Es puro desengaño. Vivir la realidad, bien lo sabemos, no es tarea sencilla. Exige trabajo diario, y en eso el “ratón” no interviene para nada. Por lo demás, catalogar a Manel es complicadísimo… Tanto como meterse con él, con sus amigos o con Valdelicea. No todo el mundo puede.
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© Lucía Arranz

Ohm mane…

Hablando de recordar; recordemos, Lucía, ohm mane padme ohm…
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«Bueno es dar cuando nos piden; pero mejor es dar sin que nos pidan, como buenos entendedores.» khalil Gibrán.
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Da igual que unos se vayan y otros no… A fin de cuentas, así es la vida. Pero, desde luego lo que no da igual (al menos a mi) es el caos que hemos llevado los últimos meses. Esto más que un «barco-bosque» parecía una jaula de grillos. Por eso, de momento, vamos a ver si recuperamos las condiciones para que el dharma* pueda (re)establecerse o incrementarse. Cuidando especialmente la armonía y la calma. Lo importante ahora es retomar el camino y tener como única finalidad los trabajos que contribuyen a beneficiar a los demás.
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© Manel Marina
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*Dharma: la Ley, la moral más alta, el deber; la enseñanza o sabiduría perenne; la ley cósmica que todo lo regula.

Me estoy quitando

Así tituló Manel una entrada que escribió en el blog de Coaching en Madrid, un once de enero de dos mil diez. Ya entonces avisaba de lo que venía y nadie quería aceptar, no estaba dispuesto a seguir siendo esclavo de su propio trabajo.  
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(…) En los últimos años, profesionalmente hablando, me he dedicado a repetir y repetir: «¿Qué quieres ser de mayor?» y «Relájate» En casa del herrero… Sí, me olvidé. Olvidé decírmelo a mí también. Ahora ya lo sé, una vez más, de mayor quiero ser mayor. No morir en el intento, y eso hago, eso quiero hacer… ¡Relajarme! (…)
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Bien mirado, no le faltaba razón. Durante años ha sido quien ha puesto todo: la idea, el nombre, el trabajo, el dinero, la ilusión, el empuje, los ánimos… y sus palabras. Sí, también. No lo olvidemos, gran parte de los cuatro mil posts y artículos que se han ido publicando en todos estos años han sido escritos, corregidos o supervisados por él. Y eso, además de ser muchas palabras, son también muchas horas. Sin olvidar que todo esto lo hizo siempre sin dejar de atender sus otras responsabilidades: Valdelicea & Cía., su casa y su consulta. Hago especial hincapié en este tema porque útilmente lo que más estoy leyendo en los blogs y en las intervenciones de Twitter y Facebook son quejas y despedidas, del tipo: “nos vamos de España porque está todo fatal.”
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Y Valdelicea, ¿cómo está? ¿Alguien se ha preocupado en saberlo? ¿O cómo está quien durante años os ha cuidado como si fuera vuestro propio padre? Y esto va por todos, por propios y extraños. Sirva como ejemplo que hace un momento he leído un correo enviado a la empresa que administra la página de “35 webs de coaching” donde nuestro querido CEO solicitaba formalmente la desactivación de los enlaces que apuntan a nuestros blogs. ¿Os podéis creer que ha tenido que explicar en un segundo correo el porqué de dicha decisión? No queráis saber lo que esta malagueña hubiera dicho… A partir de ahora lo que sea será, no tengo ninguna duda. Valdelicea & Cía. seguirá navegando pero, desde luego, lo que sí sé es que será de otra manera. Con crisis o sin ella, así no íbamos bien. Era demasiado trabajo para unos pocos.
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© Lucía Arranz

De amor y de mar

Fue a la vera del mar, a medianoche. Supe que estaba Dios, y que la arena y tú y el mar y yo y la luna éramos Dios. Y lo adoré.
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Antonio Gala

¡Eres un amor!

¿Cuántas veces os lo han dicho en los últimos días? Hablo con vosotros, con todos… Y vosotros, ¿cuántas veces lo habéis dicho últimamente? A mí, y yo, sin parar porque considero que el amor es “el motor” del mundo. Y en cuanto al señor del post anterior, si antes lo digo… ¿Os dais cuenta?, es un hombre sin par. Ha dejado a un lado su tristeza y aquí está, como siempre hace, animándonos a todos. Manel, ¡eres un amor!
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“Ama como puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas. No te preocupes de la finalidad de tu amor.” Amado Nervo
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© Lucía Arranz  

Ya te llamaré

¿No habéis fijado? Esto es lo que decimos a nuestros amigos continuamente, aunque de antemano sepamos que nunca lo vamos a cumplir… Menos mal que, gracias a Dios, todavía hay excepciones.
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Anoche murió un amigo al que no veíamos, por lo menos yo, desde que nos dejó Luca. También era italiano y cooperante ocasional, abuelo joven, guapo, simpático…, lo tenía todo. Todo menos la salud. Vivía en un sin vivir, como él mismo decía, entre Milán y Madrid. Estaba casado con una catalana igual de viajera que él: hoy en Madrid, mañana en París y pasado, quién sabe, quizás en Roma. Desde anoche está parada, frenada en seco. Y con ella toda su familia y amigos. Bueno, todos no. Por lo menos, que yo sepa, hay uno que ni dice “Ya te llamaré” ni se queda parado frente a este tipo de tragedias… Es más, sabe estar como pocos. Está sin agobiar pero está. Algo que seguramente aprendió de la peor manera, cuando se cansó de oír el dichoso “Ya te llamaré.” Por él y con él estamos todos, aquí y donde quiera que esté en cada momento. Acompañando que es lo suyo, y lo nuestro.
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© Lucía Arranz

Almas viejas

Los que saben dicen que las personas que viven experiencias místicas son almas viejas, espíritus muy antiguos. Ni confirmo ni desmiento pero, supongo, algo de cierto debe de haber. Sobre todo porque son personas muy singulares, poseen una sensibilidad muy poco frecuente…Todos hemos oído hablar de los místicos, de hecho seguramente mientras leéis estas líneas es posible que vuestras mentes piensen en poemas de este tipo:
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“En mi yo no vivo ya,
y sin Dios vivir no puedo;
pues sin él y sin mí quedo,
este vivir ¿qué será?
Mil muertes se me hará,
pues mi misma vida espero,
muriendo porque no muero”
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Así comienza una de las ‘coplas del alma’ escrita por el célebre místico español del siglo XVI San Juan de la Cruz, considerado el poeta más sublime de la literatura española. Al igual que Santa Teresa de Jesús (nuestra otra gran mística española), el autor de ‘Subida del Monte Carmelo’ dejó escrito en forma de bellísimos poemas sus encuentros con Dios, eso que se ha dado en llamar ‘unión mística’. Las visiones que tienen lugar durante la vía unitiva producen un gozo indescriptible en quien las vive. “El efecto que hacen en el alma estas visiones -dice el propio San Juan de la Cruz- es quietud, iluminación y alegría a manera de gloria, suavidad, limpieza y amor, humildad e inclinación o elevación del espíritu en Dios”.
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Pero ¿qué entendemos por experiencia mística? ¿qué es lo que la desencadena? ¿son los místicos personas con facultades especiales que las hacen diferentes del resto? Intentaremos responder a estas y otras preguntas a lo largo del presente trabajo, dice Moisés Garrido Vázquez.
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(Como está escrito, me lo ahorro)
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© Clara Echegaray

Estoy refranero

Cree el ladrón que todos son de su condición…
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Efectivamente, estoy un poco cansado; de los agravios comparativos, digo. Cuando no te llaman zoquete te llaman ladrillo, el caso es faltar. ¡Qué país!
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Zoquete, en mis tiempos de colegio (allá por el Jurásico) era el apelativo con el que te desayunabas cuando algo no entendías. Bueno, desayunabas, merendabas y cenabas… Y, hasta donde yo sé, cuando a uno lo llaman «ladrillo» es porque aburre. En este caso, según parece, aburro por lo que cuento. No dejo de hablar de lo mismo desde hace doce años… Era una crítica «bien intencionada», se apresuró a decir la piedra una vez soltó la gracia. Pero es evidente que la disculpa llegó tarde, tan tarde que yo ya había contestado: «No seas bruto, le dijo la piedra al ladrillo…»
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Resumiendo, nos gusta juzgar y opinar desde la barrera, sin ponernos los zapatos del otro; hablo en plural porque soy muy solidario… Pero cuando llega la réplica, entonces, hacemos fu como el gato.
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© Manel Marina


Soltar amarras

No hace falta ser mariner@ para saber cuándo te tienes que retirar. Desde un punto de vista psicológico soltar amarras significa dejar distancia, física y emocional. Algo así como lo que pedía Lola Flores el día de la boda de su hija Lolita: “Si me queréis, ¡irse!” Efectivamente, había demasiada gente… De hecho, para según qué cosas más de dos son multitud.

Ayer una amiga viajó desde Sudáfrica porque necesitaba soltar amarras, distanciarse. Y también, cómo no, para fundirse en un abrazo reparador. Uno de esos que disuelven todas las angustias.

Si necesitas ayuda… ¡Prueba nuestros abrazos!

© Lucía Arranz

Ahora o nunca

Esto de los cambios es como lo de las limpiezas, al principio da pereza pero luego se agradece. Todo luce mucho mejor, sea tu casa o sea lo que sea. Incluso el blog, por supuesto. Aunque pueda parecer una tontería no lo es en absoluto, manejar tantos posts como tenemos “detrás” es mareante. Más que nada porque nunca sabes si lo que vas a escribir ya lo ha comentado alguien antes que tú, algo que como es lógico entender suele ocurrir muy a menudo. Puesto que nos pasamos el día hablando de lo mismo, entre nosotros y con vosotros.
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El otro día alguien comentó que prácticamente con Twitter y Facebook nos sobraban los blogs. De hecho, si no recuerdo mal, aseguraba que los blogs tenían los días contados. Bien mirado tiene su lógica, tanto en un caso como en el otro el sistema te obliga a sintetizar muchísimo. En Twitter por ejemplo no te puedes pasar de 140 caracteres. Por otro lado, como bien sabemos, en general somos un poco vagos a la hora de leer. Y claro ahí llegamos a la eterna cuestión: ¿Merece la pena tanto esfuerzo? El esfuerzo no es escribir, es dedicar tu tiempo a personas que no sabes si lo que leen les gusta o no. Entre otras razones porque rara vez dejan comentarios, salvo para anunciar otras páginas o para ofrecer servicios que en muchas ocasiones nada tienen que ver con nuestra actividad solidaria y terapéutica. En fin, lo que sea será.
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© Lucía Arranz

Los regadores

Cada vez estoy más convencida de lo que realmente somos, regadores. Dado que nos pasamos el día refrescando… Viene muy al hilo de lo que l el otro día en un interesante post que trataba de jardines, amigos y blogs: “A los amigos como a las plantas hay que regarlos, cuidarlos y mimarlos.” ¡Qué gran verdad! Y no sólo regarlos, también respetarlos. Eso es lo que más hacemos, respetar las particularidades de cada uno… Que no somos perfectos está más que demostrado, tampoco pretendemos serlo o parecerlo. Pero lo que sí somos es buena gente, a la vista está. Nos pasamos la vida ayudando a todo el que lo pide y al que no también, sospecho, en previsión de lo que dice el Dalai Lama: “Si estamos poco atentos a las necesidades de los demás, es inevitable que terminemos perjudicándolos.”
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Y tú ¿qué? ¿Riegas o sólo te riegan?
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© Lucía Arranz

El ascua y la sardina

Revisando posts antiguos, más por limpieza que por sentimentalismo, me encontré con uno de cuando cerramos los blogs de Coaching en Madrid y Coaching en Armonía. En el que Manel transcribe parte de una conversación que mantiene con alguien que pregunta el porqué de tal cierre. Básicamente explica que estamos bajos de personal porque algunos asociados se han ido atrabajar fuera del país ó a cooperar.
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“¿Que qué pasó con los Asociados? Nada, asociados siguen. Entendámonos, siguen en lo que tienen que seguir. En el coaching… Algo así como una familia, como unos hermanos, son y serán de tu sangre hasta la muerte. Pero eso no quiere decir que mueran por ti. Cosas del ascua y la sardina.”
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Y eso, naturalmente, me ha hecho pensar. Sobre todo leyendo la penúltima frase: “…no quiere decir que mueran por ti”. Desde luego, salvo contadas, contadísimas excepciones, nadie muere por ti. Aunque tú sí que te estés muriendo, sea de hambre o de asco después de ayudar a todo el mundo.
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© Lucía Arranz