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Pinzas y luces

Si no supiera que tengo la cabeza bien colocada, modestia aparte, tened por seguro que no me atrevería a plantear determinadas cuestiones. Colocada, amueblada, equilibrada… o como gustéis definir. Coloquialmente hablando, se entiende. Efectivamente, puesto que hoy es viernes vamos aflojar un poco.

Anoche me volvió a pasar “lo de las luces”, pero en esta ocasión era blanca. De ahí lo de la pinza, la que no se me va. Para quien no lo sepa, en España decir “que se te ha ido la pinza” es algo así como pensar “que te has vuelto loco”. Cierto, es otra expresión popular. Ya sabéis, riquezas del idioma. Pues eso, que la vi. Tenía forma ovalada y era del tamaño de un melón, de unos treinta o treinta y cinco centímetros de largo. Se movía por el techo, en realidad me acompañaba a cierta distancia. A unos sesenta o setenta centímetros por delante. Probé a encender y a apagar luces, por si era alguna clase de reflejo. Incluso, abrí y cerré puertas en las habitaciones en las que entraba. Pero no, allí seguía impertérrita. Iba y venía conmigo… ¿La sensación?, supongo os preguntareis. Neutral, ni frio ni calor. Aunque, eso sí, me sentí muy acompañado. Debe de ser porque ya me estoy acostumbrando a estas, cómo llamarlas: ¿presencias?, ¿entes?, ¿ángeles…? Quién sabe. Pero vamos, ojalá vuelvan pronto. Todas. Blancas, azules o rojas.

¡Buen fin de semana!

© Manel Marina
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La luz azul (II)

Oh, qué será, qué será…
Que me gusta el color azul, no es ningún secreto. De hecho suelo vestir de azul. ¿Desde cuándo? Supongo que desde siempre… Como marinero, hijo y padre de marinos, siempre estuve entre azules. Como muestra, el cielo y la mar.

Supongo recordareis aquella experiencia que tuve a finales de mayo, en mi casa. Sí, la de la luz… Pues bien, hoy nos ha escrito William desde Venezuela contándonos algo parecido. En su momento tanto Lita como su hermana Ana María también nos explicaron su experiencia y parecer. Si os digo la verdad, yo no he vuelto a pensar en aquello. Entre otras cosas por falta de tiempo. Ahora bien, que no lo haya pensado no quiere decir que lo haya olvidado. De alguna manera lo he tenido muy presente, supongo porque no han cesado los sucesos… Efectivamente, me han seguido ocurriendo “cosas raras”. La última hace unos diez días. Estaba en la provincia de Teruel, en Calamocha, en el pueblo de mis ancestros. Y mira tú por dónde, buscando fugaces (Perseidas) que por cierto no vi ni una, de pronto se cruzó ante mi… yo qué sé lo que era aquello ¿Un cometa? Una luz blanca, gigantesca, tipo fugaz pero a lo bestia. Cruzó el cielo de derecha a izquierda, sobre mi cabeza, iluminando la noche como si en ese momento alguien hubiera encendido un potente foco. Fue increíble.

Hoy, al igual que en mayo, he estado buscando en Google. Pero nada. No he encontrado nada “medio sensato”. Por extraño que parezca soy bastante escéptico con según qué comentarios. Naturalmente creo en posibles vidas y dimensiones paralelas, en ángeles… e incluso, como bien sabéis, en duendes. Pero, sí, pero, pero… de lo demás, la mitad de la mitad. Me refiero a ovnis, abducciones, maestros iluminados, etc.

Como ahora voy a estar más relajado, ¿verdad que sí?, me dedicaré a contaros mis historietas. Y así, quién sabe, lo mismo entre todos damos con la explicación. Hasta pronto.

© Manel Marina

La luz azul

A ver, ¿por dónde empiezo? ¿Cómo explicarlo? Uhmnn…

No voy a decir que estoy asustado porque, la verdad, no sería cierto. Estoy tranquilo, tranquilísimo… Y eso que la experiencia ha sido, no sé ni cómo definirla, ¿asombrosa? ¿Sorprendente, increíble…? Veréis lo que me pasó. El otro día, antes de ayer exactamente, estaba en mi casa y… en un voy y vengo de la cocina me pasó algo fantástico… ¡Vi una luz azul! Pero no era una luz cualquiera, era la luz más intensa y extraña de cuantas he visto a lo largo de mi vida. Qué sé yo lo que parecía… Era estrecha y alargada, de unos 60 ó 70 centímetros de alta, estaba fija, inmóvil… De hecho estaba como pegada al marco de una puerta, la puerta de la habitación de al lado de la de mi padre. Era de un azul eléctrico tan brillante que por los bordes irradiaba una especie de aura blanca intensísima. Parpadeé un par de veces, giré la cara a derecha e izquierda por si era una ensoñación y se desvanecía. Pero no, allí seguía… y siguió un buen rato más, no sé exactamente cuánto. Quizás ocho o diez minutos, no lo sé. Lo que sí sé es lo que yo hice después, pensar y pensar. Pero por más que pensé no di con la respuesta, ¿qué fue aquello? ¿Qué significado tenía? ¿Por qué apareció tan de repente? Y ¿por qué allí? En aquella habitación. Sabemos tan poco de todo…

Desde el domingo estoy mirando en Google por si veo alguna descripción parecida pero salvo las que todos imaginamos, a saber, de marcianos y demás “iluminatis”… no he encontrado nada. Y si os lo cuento no es por dar la nota, ya me conocéis, no soy amigo de fanatismos o supercherías. Pero quién sabe, lo mismo alguno de vosotros ha vivido una experiencia similar. Ojalá.

© Manel Marina