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Relaaaa…

De tan acelerados que vamos no sabemos ni lo que hacemos ni lo que decimos. Muchos de esos despistes, supuestas faltas de memoria, se producen por nuestra aceleración cotidiana. Por lo general hacemos tres o cuatro cosas a la vez, y aquí nada tienen que ver los tópicos de género. Normalmente hacemos algo, lo que quiera que sea, sin terminar la anterior y pensando en la siguiente, mientras fumamos, hablamos por teléfono, conducimos o lo que cada cual prefiera. Eso cuando no son cinco o seis, puesto que nuestra mente va también a su ritmo… Así pasa que cuando por fin llegamos a casa y nos disponemos a dormir, a descansar, como físicamente no estamos tan cansados como lo que respecta a nuestra mente; o, al revés, puesto que se dan los dos casos; empezamos a saltar en la cama. A dar mil vueltas sin conseguir dormir.
El famoso y tan repetido por aquí “Reláaajate” tiene mucho que ver con todo esto. Se trata de educar nuestra mente para que actúe sincrónicamente con nuestro cuerpo. Para que todo fluya en perfecta armonía.
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Si quieres, puedes.
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© Vicente Fernández

Rectificar es de sabios

Seréeenate, desecha toda sombra de duda, confía, tranquilízate… No os lo digo a vosotros, me lo digo a mi mismo. Aun así, si queréis copiarme, mal seguro que no os va.
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Esta mañana me han dado una lección que no creo que olvide en mucho tiempo. Cierto, para aprender no hay edad… Hoy los coaches y terapeutas asociados de Valdelicea & Cía. teníamos una cita de supervisión. Algo así como un examen de conciencia, un repasar lo que llevamos entre manos, un saber dónde estamos y hacia dónde vamos…  Al ser, como digo, asociados debemos cumplir con unos mínimos protocolos. Pues bien, el asunto ha sido el siguiente: un compañero ha propuesto poner en marcha una especie de subasta de servicios terapéuticos para poder llegar a gente que con toda seguridad necesita ayuda pero que tal y como están las cosas posiblemente no se atrevan a dar el paso de pedirla. Es decir, un: “¿cuánto pagas?” Puesto que, y esto lo digo por experiencia, cuando alguien recibe un servicio gratuito antes o después termina creyendo que se le trata como si fuera un cliente de segunda división. Algo que por supuesto, al menos por nuestra parte, nunca ha sido así. La idea me ha encantado, me ha parecido encomiable. Y en cuanto a la lección pues, está claro, nos quejamos demasiado siendo como somos unos privilegiados. Que, por tener, tenemos hasta trabajo.
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© Vicente Fernández