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Perdonad chic@s. Cuando he llegado al blog, leyendo lo que he ido leyendo por aquí y por allá, he pensado que andabais con el paso cambiado. Inocente de mi… Ahora ya sé lo que ha pasado. El “taconazo” lo acabo de dar en Coaching en Madrid.
Lo siento, quizá mis comentarios previos han sido un poco duros. Gracias Luca, lo has hecho muy bien dadas las circunstancias. Abrazos
PD: Seguimos sin tener secretos.
Me suena que este tema lo hemos tratado más de mil veces, aún así voy con ello de nuevo. Pero ante todo, querido compañero, tómatelo con calma. No hay nada en el mundo más importante que tu salud física y emocional. Ni por setenta ni por siete mil euros compensa tanta tensión… Tú lo has dicho sin decirlo explícitamente: Nadie escucha a nadie, de ahí que existamos nosotros. Principalmente somos “escuchadores profesionales”… Por otro lado, si lo piensas con cabeza, pretender que una teleoperadora te resuelva algo es como pedir peras al olmo. Cuestión de competencias, ya sabes.
Buscando la parte positiva, no exenta de humor, podemos hacer lo siguiente. Mañana nos vamos en grupo y nos encadenamos en la puerta… Al final saldremos en las noticias, y mira publicidad gratis. Aunque tengamos que pagar los 71,84 euros que no son nuestros. Y de regreso, salvo que terminemos en el cuartelillo, nos vamos a ver a un paisano mío que hace un pote gallego que te chupas los dedos. Ay, carajo. Este Madrid qué complicado que es… ¿Lo quéé?
© Fernando Vázquez
O será por aquello de “piensa mal y acertarás”. Sí, seguimos revueltos. Al fin y al cabo somos personas corrientes y, ya se sabe, cuando te pisan te duele.
Esta temporada lo que se lleva es la prepotencia, no las pajas; salvo que sean mentales. Aunque parezca increíble seguimos pidiendo que nos aclaren la dichosa factura del proveedor de servicios. Pero nada, más de lo mismo. Si llamas por teléfono te dicen que lo consultarán. Y al cabo del rato vuelve a llegar una nueva misiva electrónica de aviso de factura pendiente… y, para que no queden dudas, estamos hablando de 70 euros. De una factura supuestamente impagada desde enero de 2009. Cualquiera que tenga un dominio de internet o una página web alojada en cualquier servidor sabe que los pagos son siempre al contado. Pues nada, ya digo, más de lo mismo. Ah, por cierto, nosotros tenemos 9 dominios y 3 páginas web. Lo digo por si “alguna respuesta automática” nos lee, y todavía no se ha enterado.
© Luca Boti
*La imagen me la ha sugerido Rui, con muy buen criterio. Es el ojo que todo lo ve… Olvidé preguntar si será el ojo del cacharrito que tiene el gobierno.
Recuerdo haber leído hace muchos años, tantos como treinta, un libro titulado «El efecto de los iones» que trataba de los trastornos producidos por la electricidad del aire que rige la vida y la salud. Más de una vez lo he mencionado, aquel libro marcó en mi vida un antes y un después en todo este largo camino del descubrir alternativo… Para no extenderme más de lo necesario sobre la temática y el contenido os recomiendo echar un vistazo a la página de Discovery Salud, para el caso sirve igual.
Ayer fue un día raro, tan raro y extraño como que salieron muchas cosas al revés. Empezó con un desafortunado desencuentro dialéctico (Vivir para ver) y terminó, yo qué sé cómo terminó… Después saltó hasta el blog de Valdelicea III y allí siguió la discusión, mejor dicho, el relato de nuevos encontronazos. Mentiría si dijera que no pensé en los iones. Bueno, tanto en los iones como en los vientos de las brujas… Pero reconozco que lo hice demasiado tarde, cuando las cosas se habían empezado a salir de madre. En mi modesto entender creo que algo de eso sucedió ayer. Día gris, ventoso, lluvioso, cargado… El perfecto combinado para desequilibrar y desarmonizar nuestros corazones. De todo se aprende.
© Manel Marina
Mejor dicho, para oír…
Hasta hace poco pensaba que pocas cosas quedaban ya que pudieran llegar a sorprenderme. Estaba equivocado. Me acaban de dejar patidifuso… Un tipo al que he llamado pidiendo que viniera a mi casa para reparar un problema técnico en el ordenador ha rechazado el servicio porque como la “avería es leve”, por lo que le he explicado, y con lo que está cayendo no le merecía la pena salir.
He tenido que volver preguntar por si acaso no había entendido bien: ¿Me está Ud. diciendo que por la lluvia no va a venir? Le acabo de decir que acepto sus condiciones… 36 euros por hora + 20 por desplazamiento. ¿Entonces? ¿Dónde está el problema?
“Es que, mire Ud., yo trabajo para empresas…”, me ha dicho. Bien, conforme, imagine que soy una empresa, tráteme igual. “Es que yo a las empresas les cobro más porque son empresas. Lo mismo estoy allí 4 ó 5 horas…”. He vuelto a decir: Ok! Venga y ya veremos qué hace Ud. en ese tiempo que le sobra… “Oiga, es que si me va Ud. a controlar entonces no voy”.
No es broma, así ha sido. Un total y absoluto dialogo de besugos… Y lo más sorprendente es que desde donde este buen señor tiene su tienda hasta mi casa hay como mucho una distancia de diez o quince minutos caminando. ¿Por qué le he llamado a él? Os lo voy a decir… El otro día compré en su establecimiento un antivirus y oí que se quejaba de la crisis y de la falta de trabajo. ¿Sorprendente, verdad? Pues así va el país.
© Manel Marina
Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte: Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
—No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje —el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey—. Pero no lo leas —le dijo— mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía “ESTO TAMBIÉN PASARA”.
Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo: Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
—¿Qué quieres decir? —preguntó el rey—. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
—Escucha —dijo el anciano—: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero. El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado. Entonces el anciano le dijo:
—Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.
© Artemisa